Alguna vez será la última vez

Vivimos muchas cosas sin saber que alguna vez serán la última vez. Algunas incluso ya ocurrieron y no nos dimos cuenta. Quizás por eso, de vez en cuando, vale la pena recordar que el tiempo seguirá avanzando. Nosotros no necesariamente.

Alguien entra a una peluquería.

Se sienta, le ponen esa capa negra, conversa un rato y, cuando terminan, paga y se va.

Nada especial.

Lo que probablemente no sabe es que algún día hará exactamente eso por última vez.

Y ese día quizás tampoco tendrá nada de especial.

No entrará pensando que es la última vez. No mirará detenidamente el lugar. No intentará recordar cada palabra de la conversación.

Simplemente pagará y se irá.

Lo mismo ocurre con muchas otras cosas.

Alguna vez renovaremos nuestra licencia de conducir por última vez.

Nos entregarán la tarjeta, miraremos la fecha de vencimiento y la guardaremos en la billetera dando por hecho que, cuando llegue ese año, volveremos a renovarla.

Quizás sí.

Quizás no.

También habrá un último pasaporte.

Un último viaje.

Una última vez que entraremos a una casa.

Una última Navidad con determinadas personas sentadas alrededor de la mesa.

Pero hay algo todavía más extraño.

Muchas de nuestras últimas veces ya ocurrieron y no nos dimos cuenta.

Hubo un día en que alguien tomó a su hijo en brazos por última vez.

Lo bajó al suelo y siguió haciendo lo que estaba haciendo.

No hubo una despedida.

Simplemente el niño creció.

También hubo una última vez que nuestros padres nos llevaron al colegio.

Una última noche en la casa donde crecimos.

Una última vez que jugamos con ciertos amigos.

Una última vez que alguien nos llamó para preguntarnos si habíamos llegado bien.

La vida está llena de despedidas que solo descubrimos después.

Quizás por eso hacemos tantos planes.

Compramos una entrada para dentro de seis meses. Reservamos vacaciones para el próximo verano. Renovamos documentos que vencerán dentro de años.

Y está bien que sea así.

Sería imposible vivir preguntándonos a cada momento si estamos haciendo algo por última vez.

Pero quizás, de vez en cuando, vale la pena recordarlo.

Porque vivimos con una certeza silenciosa: que el tiempo seguirá avanzando y nosotros avanzaremos con él.

Lo primero es bastante seguro.

Lo segundo, no tanto.

Mañana alguien irá a cortarse el pelo.

Otro renovará su licencia.

Alguien comprará un pasaje para el próximo año.

Y alguno de ellos estará haciendo una de esas cosas por última vez.

Ninguno lo sabrá.

Damos por hecho que seguiremos avanzando con el tiempo.

Pero a veces el tiempo sigue sin nosotros.