Estar ocupado no significa estar avanzando

Podemos pasar el día haciendo cosas y llegar agotados a la noche sin sentir que avanzamos. Quizás no necesitamos hacer más. A veces solo necesitamos sentir que todo ese movimiento nos está llevando hacia alguna parte.

Una lavadora puede pasar una hora entera moviéndose sin avanzar un centímetro.

A veces nosotros también.

Nos levantamos. Trabajamos. Contestamos mensajes. Resolvemos problemas. Pagamos cuentas. Vamos de un lugar a otro.

Llegamos cansados al final del día.

Hicimos muchas cosas, pero algo incomoda.

Porque estar ocupados no siempre significa estar avanzando.

Quizás por eso permanecer demasiado tiempo en el mismo lugar nos produce una sensación tan extraña.

Tenemos un trabajo que alguna vez quisimos tener.

Vivimos en una casa que alguna vez soñamos.

Conseguimos algo que durante años parecía lejano.

Y, sin embargo, después de un tiempo deja de sentirse extraordinario.

No necesariamente porque seamos desagradecidos.

Quizás porque aquel logro hizo exactamente lo que tenía que hacer: nos trajo hasta aquí.

Y ahora necesitamos ir hacia alguna otra parte.

No necesariamente más arriba.

No necesariamente ganar más dinero, tener un cargo mejor o conseguir algo que los demás puedan admirar.

Simplemente sentir que algo se mueve.

Aprender algo que ayer no sabíamos.

Crear algo que antes no existía.

Conocer un lugar.

Escribir una página.

Plantar algo y verlo crecer.

Empezar un proyecto.

Hacer algo por alguien.

Porque tenemos energía.

Y cuando esa energía encuentra una dirección, puede convertirse en casi cualquier cosa.

Pero cuando no la encuentra, empieza a girar sobre sí misma.

Como una lavadora.

Muchas vueltas.

Mucho movimiento.

Ningún desplazamiento.

Quizás por eso la rutina puede llegar a angustiarnos incluso cuando, objetivamente, nuestra vida está bien.

No siempre queremos escapar de lo que tenemos.

A veces solo necesitamos sentir que todavía estamos construyendo algo.

Hay una película que juega justamente con esa idea.

En El día de la marmota, un hombre despierta cada mañana en el mismo lugar, con las mismas personas y exactamente el mismo día por delante.

Nada cambia.

Hasta que empieza a cambiar él.

Aprende.

Observa.

Se interesa por otros.

Hace cosas que antes no sabía hacer.

El día sigue siendo el mismo, pero él ya no.

Tal vez avanzar se parezca más a eso de lo que pensamos.

No necesitamos estar consiguiendo cosas todo el tiempo.

Tampoco convertir la vida en una carrera interminable donde cada logro exige inmediatamente otro.

Pero quizás sí necesitamos alguna evidencia, aunque sea pequeña, de que hoy no estamos exactamente en el mismo lugar que ayer.

Porque hay una diferencia enorme entre descansar y estar detenido.

Descansar es detenerse sabiendo que después continuaremos.

Estar detenido es tener energía y no saber dónde ponerla.

Y quizás esa sea una de las razones por las que algunos días terminamos agotados y, aun así, sentimos que no hicimos nada.

No siempre necesitamos hacer más.

A veces necesitamos que todo lo que hacemos nos lleve hacia alguna parte.