El verdadero lujo hoy es tener tiempo

Un mundo donde casi todo está al alcance ha convertido algo mucho más simple en un verdadero lujo: tener tiempo. Quizás por eso queremos vivir más: no para acumular años, sino para seguir haciendo aquello que realmente nos importa.

Durante mucho tiempo pensamos que el lujo era tener cosas.

Una casa mejor.

Un auto mejor.

Viajar más lejos.

Comprarnos en preventa el nuevo iPhone.

Poder comprar todo lo que antes parecía inalcanzable.

Pero quizás algo está cambiando.

En un mundo donde podemos conseguir casi cualquier cosa en pocas horas, donde trabajamos mientras caminamos, contestamos mensajes mientras comemos y sentimos que siempre hay algo pendiente, hay algo que empieza a ser mucho más escaso.

Tiempo.

Tiempo para conversar sin mirar el teléfono.

Para caminar sin tener que llegar.

Para sentarse en una terraza sin sentir que deberíamos estar haciendo otra cosa.

Tiempo para aprender algo nuevo.

Para empezar un proyecto.

Para visitar a alguien.

Incluso, para aburrirse. Si, incluso para eso.

Porque podemos tener muchas cosas y, aun así, sentir que nuestra vida ocurre demasiado rápido.

Tal vez por eso queremos vivir más.

No necesariamente porque tengamos miedo de morir.

Quizás simplemente porque sentimos que todavía nos queda demasiado por hacer.

Lugares que queremos conocer.

Personas con quienes queremos estar.

Ideas que todavía no hemos convertido en realidad.

Y versiones de nosotros mismos que aún no conocemos.

Hace poco, una conversación captada por un micrófono abierto entre líderes mundiales terminó hablando de algo inesperado: la posibilidad de vivir cada vez más años.

Personas que pueden acceder prácticamente a todo seguían interesadas en conseguir una cosa más.

Más tiempo.

Eso dice bastante.

Porque llega un momento en que acumular cosas deja de resolver el problema.

Puedes comprar el mejor reloj del mundo.

Pero no puedes comprar las horas que ya pasaron.

Por eso quizás una de las preguntas importantes de nuestra época no sea solamente cuánto tenemos.

Sino qué estamos haciendo con el tiempo que tenemos.

Trabajamos durante años para poder disfrutar algún día.

Postergamos viajes.

Conversaciones.

Proyectos.

Incluso personas.

Como si existiera una cuenta donde pudiéramos guardar el tiempo para utilizarlo después.

Pero esa cuenta no existe.

El tiempo solamente puede gastarse.

Y todos los días gastamos un poco.

Quizás por eso cuidarnos también adquiere otro significado.

Dormir, movernos, conservar nuestra salud, mantener vínculos, seguir teniendo proyectos.

No solamente para intentar sumar años.

Sino para conservar durante más tiempo la posibilidad de decidir qué hacer con ellos.

Porque quizás el verdadero lujo no sea tenerlo todo.

Quizás sea tener tiempo para vivir aquello que realmente nos importa.